La verdad detrás de la verdad

Por: Rubén Budzvicky

  En los albores del siglo XXI, era impensado imaginar que en Sudamérica volvieran a producirse golpes de estado cívico militares, o que hubiera dictadores en el poder; así como también resultaba anocrónico imaginar a “refugiados políticos”, que desde el exilio, convocasen a la formación de milicias populares; a fin de emular, vaya contradicción, las forjadas en la “dictadura” chavista.

  Como en el pasado (no tan lejano), se empezaron a producir ataques continuos y constantes contra la comunidad judía en la Europa “civilizada”,  y en Estados Unidos, el refugio y destino por excelencia de los judíos europeos desde fines del Siglo XIX. 

 Es así que, el resurgimiento del antisemitismo, en muchos casos modernizado bajo el camuflaje del “antisionismo” con ataques constantes al Estado de Israel, se está convirtiendo en un problema sin resolver a nivel mundial, y transversal a toda ideología y nacionalidad. 

  En Argentina, en particular, se dispararon nuevamente expresiones antisemitas o disfrazadas de antisionismo; por ejemplo, a principio de año con el estreno de la serie en Netflix: “ Nisman: El Fiscal, la presidenta y el espía”.

 El lanzamiento de la serie, tras haberse cumplido el pasado 18 de enero el quinto aniversario de la muerte del Fiscal, resultó ser el disparador para que algunos sectores de la sociedad salieran a exponer su antisemitismo, con aseveraciones tales como que ‘Nisman  fue un títere de las Embajadas de Estados Unidos y de Israel’, o que ‘el fiscal fue agente del Mossad’. 

  Además, se argumentó que Alberto Nisman estaba relacionado con los fondos buitres, en referencia a Paul Singer; que fue el supuesto nexo y quien armó la agenda de encuentros y entrevistas, para el viaje de Mauricio Macri a Israel en 2014. Amén de ello, se volvió a reflotar la hipótesis que el atentado a la AMIA se produjo por la explosión de un “arsenal de armas” escondido en la Mutual, o que el atentado fue provocado por Israel, configurando un “autoatentado”.

  El documental de Netflix volvió a encender el debate por la causa de la muerte del fiscal Alberto Nisman, a cargo de la UFI AMIA (Unidad Fiscal de Investigaciones) que investigaba el atentado a la AMIA, ocurrido en Buenos Aires el 18 de Julio 1994.  Aunque el debate no es tal, porque la justicia, la unica encargada de dilucidar la causal de la muerte de Nisman, determinó que a Nisman lo mataron como consecuencia directa de la denuncia formulada por encubrimiento contra Cristina Kirchner y demás acusados.

  Desde hace cinco años a la actualidad, parte de la ciudadania se convierte en juez, dictaminando tajantemente que el  fiscal “se suicidó”, a base a especulaciones políticas y periodísticas de aquella época y actuales. Tales críticas y especulaciones se circunscriben  a cuestionar  la veracidad y el respaldo probatorio de la denuncia de Nisman contra Cristina Kirchner, el ex cancilcer Héctor Timerman, entre otros,  por el delito de encubrimento del atentado a la AMIA.  

  Entre sus argumentos, se basan en el estado anímico del fiscal, que según los defensores de la teoría del suicidio, se encontraba “abatido, perdido y derrotado” al tener que exponer sobre una denuncia carente de sustento fáctico y jurídico, respecto a la exposición que debió llevarse a cabo el día 19/01/2015 en el Congreso de la Nación, mas precisamente ante la Comisión de Legislación Penal, a la cual asistiría en calidad de invitado.

  Es menester destacar que Nisman podría haber optado por declinar la invitación a presentarse en el Congreso, pues no tenía obligación alguna de asistir. Por ende, si aceptó la invitación, debe presumirse que tenía la convicción y los elementos suficientes para exponer los fundamentos de la denuncia ya presentada ante la Justicia.

  En los interminables análisis, sobre el supuesto estado anímico del fiscal, lo curioso es que estos juicios de valor provenían y aún provienen de personas que no lo conocieron personalmente; por tanto, y mucho menos, puedan decir sobre  sus estados de ánimo y motivaciones.

  Esto se contrasta palmariamente con los testimonios de aquellos que si lo conocieron  realmente y quienes reflejaron su apego a la vida, su dedicación a la causa AMIA y la seguridad  que transmitía respecto a la denuncia presentada por  encubrimiento, como así también su preparación y fortaleza para su exposición en el Congreso de la Nación.

  Tras la muerte de Nisman, lejos de sonrojarse, funcionarios públicos, políticos, medios periodísticos y opinólogos de toda índole, salieron en defensa de los denunciados por encubrimiento, abrazandose a la hipótesis del suicidio, basada en el supuesto “mal” estado anímico de Nisman, y agregándose acusaciones de corrupción, críticas hacia su labor como fiscal y ataques antisemitas por su condición de judío.   La sociedad fue también testigo de muchas bajezas morales, como la difusión de fotos de su vida privada y la banalización de las mismas en los medio de comunicación. ¿De dónde las obtuvieron? ¿Quién financió su publicación en la vía pública de Buenos Aires? ¿Cuál era el aporte para esclarecer el hecho?

  A partir de allí fustigaron la memoria de Nisman y denostaron su denuncia, con el único objeto de distraer a la opinión pública de la gravedad institucional que implicaba la misma.

 Al no tener argumentos, los detractores del fiscal, basan sus “teorías subjetivas” en burlas, agresiones y descalificaciones permanentes hacia alguien que no puede defenderse por sí mismo.

 ¿Ante tantas conductas reprochables que se alegan contra el fiscal, por qué no fue denunciado en vida?  ¿Por qué no lo removieron de sus funciones ante el mal desempeño que afirman existió? ¿Por qué la calumnia e injuria post mortem? ¿Será, porque no se puede defender? ¿Será, porque no tenían nada que reprocharle durante su labor?

  Los “críticos” nunca explicaron ni en la actualidad pueden explicar en sus elocuentes alocusiones, que la denuncia por el delito de encubrimiento, fue presentada en la Sede Judicial el día 14 de enero de 2015, por lo que la exposición en el Congreso, no iba alterar el curso de la misma, sino más bien, poner en conocimiento de los legisladores los basamentos de la denuncia efectuada.

  Si Nisman hubiera sentido presión o temor alguno de presentarse en el Congreso de la Nación, hubiera renunciado a su trabajo en la UFI AMIA, muchos años antes; ya que, son de público y notorio conocimiento las múltiples amenazas que sufrió durante años, tanto él como su familia, por los avances que fue logrando al frente de la Fiscalía al dilucidar la trama del hecho, sus autores y participes, como así también que Interpol emitiera las alertas rojas con el pedido de captura internacional contra los imputados iraníes.

  Es importante señalar que, pese a la inconstitucionalidad del Memorándum de entendimiento con Irán, la imputación por la participación criminal de los iraníes y sus delitos acreditados en la causa judicial, se debió a la investigación del Fiscal Nisman, por lo que es evidente que el gobierno de Cristina Kirchner validó y respaldó toda la labor hecha por la UFI AMIA.

  Por ende, es contradictorio que años después se diga que nunca se va a saber la verdad, que la causa está paralizada o que el Fiscal no hizo nada, dado que la verdad ya se sabía; sólo faltaba poder traer ante la justicia a los imputados del hecho para ser enjuiciados.

 La defensa de la investigación en la causa AMIA, era algo habitual, por lo cual es importante recordar que en el año 2007,  Nisman encabezó la delegación Argentina en Interpol,  ante el Comité  Ejecutivo de Interpol en Lyon (Francia). Y también ante la Asamblea General de Interpol en Marrakech (Marruecos), donde defendió la investigación y las imputaciones a los ciudadanos iraníes, enfrentándose cara a cara ante los delegados de Irán y tras sufrir presiones y amenazas, logró que los demás estados miembros de Interpol, votaran la postura Argentina, a fin que se reestablecieran las alertas rojas contra los acusados de nacionalidad iraní por el atentado terrorista a la AMIA.

  Esto significaba que para el caso en que los imputados salieran de Irán, puedan ser detenidos de forma provisional en cualquier Estado miembro de Interpol y luego extraditados a Argentina para ser juzgados en su participación criminal en el atentado terrorista a la mutual judía.

 En aquella época, el fiscal contaba con el apoyo del Presidente Nestor Kirchner,  y su labor había posicionado a la Argentina en el más alto nivel mundial en la lucha contra el terrorismo internacional.

  La denuncia por el delito de encubrimiento  al atentado de la Sede de la AMIA, fue el producto de más de un año de trabajo, investigación y recolección de pruebas por parte de la UFI AMIA. Por ello, resultó llamativo que en la investigación por la muerte de Nisman, llevada adelante inicialmente por la Fiscal Viviana Fein, se buscara recabar información sobre la confección de la denuncia, documentación, hipótesis barajadas y elementos de prueba en el domicilio del Fiscal.

¿Realmente importaba investigar sobre la causa de la muerte de Nisman o la “justicia” buscaba información y documentación sobre una denuncia ya presentada? ¿Era importante descubrir quién mató a Nisman o descubrir que información y que otras pruebas tenía guardadas sobre los denunciados?

  La realidad de los hechos, es que la denuncia de Nisman, luego de ser desechada por el Juez Federal Rafecas (hoy candidato del gobierno para ocupar el cargo de Procurador General de la Nación) por considerar que no había delito alguno que se configurara en ella, se encuentra en la etapa de instrucción ya finalizada y a la espera que se fije fecha para el  inicio del juicio oral a los imputados.

  Asimismo, la Fiscal Viviana Fein, quien inicialmente llevó adelante la instrucción “averiguación de causa de muerte” de Nisman, se encuentra imputada por el delito de “encubrimiento” por irregularidades en el manejo de la prueba, descuido y falta de preservación del lugar del hecho, entre otros, más precisamente el departamento del Fiscal Nisman en el transcurso del 18 de enero de 2015.

  En la Argentina contemporánea, cada gobierno de acuerdo a su ideología, busca imponer su verdad y post verdad de la historia y condicionar el desarrollo de la Justicia de acuerdo a la misma. 

  En virtud de ello, no es casual que la Ministra de Seguridad del gobierno Sabina Frederic, en sus primeras apariciones públicas dijera que habría de solicitar una auditoria externa y una revisión técnico administrativa de la pericia efectuada por Gendarmeria Nacional en la causa de homicidio del Fiscal Nisman, dado que es función del Juez la valoración o no de dicha prueba ya efectuada.

  Tal declaración aparte de inoportuna, es un mensaje transmitido entre líneas, el que manifiesta que el gobierno actual no está de acuerdo con el resultado de la pericia. La misma arrojó como resultado que el Fiscal fue asesinado. Y tal mensaje, es una intromisión y condicionamiento al Poder Judicial.

  Tampoco fueron acertadas las manifestaciones de la Ministra, acerca de que es necesario derogar el Decreto 489/19 que establece que Hezbollah es una organización terrorista, aludiendo a que “el terrorismo es un problema de los países de la OTAN, no nuestro” y que “es comprarnos un problema innecesario”. En este caso la Ministra, no recuerda que Argentina sufrió dos atentados terroristas, a la Embajada de Israel en 1992 y a la Sede de AMIA en 1994.   Aunque un tiempo después, se desdijo, argumentando: “Yo entiendo que hay que seguir el criterio de mayor protección para toda la comunidad; si la orientación política es mantener a Hezbollah como organización terrorista y eso nos protege más a nosotros, estoy de acuerdo, el punto es ese.”   En el mismo marco, el Presidente Alberto Fernández luego de idas y vueltas, ratificó que se mantendrá en vigencia del Decreto que califica a Hezbollah como organización terrorista.

  La subjetividad de quienes integran el poder ejecutivo, debe quedar en el fuero interno de cada uno, no pueden interferir, ni condicionar al Poder Judicial con sus opiniones.   En esa línea la Vicepresidente Cristina Kirchner, manifestó que luego de ver la Serie de Netflix por tercera vez, en primer lugar pensó que la Fiscal Fein no había dado la talla en su trabajo y cinco años después, manifestó reconocer su labor con la expresión francesa: “chapeau”

  Estas expresiones, solo siembran más dudas, al igual que las ya vertidas el 19/1/2015, afirmando que el fiscal se había suicidado, aludiendo el siguiente interrogante: ¿Qué fue lo que llevó a una persona a tomar la terrible decisión de quitarse la vida?”. Y unos días más tarde, el 22/01/2015, en sus redes sociales, publicó entre otras aseveraciones: Estoy convencida de que no fue un suicidio”. “Lo usaron vivo y después lo necesitaban muerto. Así de triste y terrible”.

  Aunque en su libro: “Sinceramente”, editado en el año 2019, deja entrever que se apega nuevamente a la teoría del suicidio. En dicha publicación tampoco pudo evitar hablar de la supuesta vida “nonc santa” del fiscal y las supuestas conexiones de Nisman con la embajada de Estados Unidos y los fondos buitres, lo cual dada su investidura de ex Presidenta y Senadora de la Nación en dicho momento, no hace mas que ofender a la familia.   ¿En que suman tales ofensas?  ¿Ayudan a la investigación o buscan desprestigiar a quien en vida fuera el investigador?

¿Podemos decir que en Argentina se busca “LA VERDAD detrás de la verdad”? ¿Hay intenciones genuinas de conocerla? ¿La verdad y la Justicia se acomodan a los tiempos políticos? ¿Hay un interés sincero, por parte de la sociedad en saber qué fue lo que pasó con Nisman, y quién es el culpable? ¿Acaso los difamadores de la vida privada de Nisman, triunfaron al distraer a la sociedad con la supuesta vida  “nonc santa”  y no en lo busqueda de Justicia?

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