El dilema de ser decente

Por Mauricio Pichot

Ante los más recientes hechos revelados sobre cómo varios periodistas de este país estarían vinculados en hechos de corrupción, se hace necesario saber quiénes son los que de verdad han hecho un ejercicio limpio del oficio.

El periodismo de Colombia viene de una historia de prestigio de hombres y nombres que lo han encumbrado en un lugar de privilegio, no solo en el continente sino en el Mundo. Hombres de una capacidad extraordinaria para la investigación y el relato que ha permitido que Gabriel García Márquez sea reconocido aún a nivel orbital como un depurado y excelente reportero, autor de profundas y sabrosas crónicas y como uno de los más grandes escritores de habla hispana que haya existido.

Un ejemplo similar podría mencionarse con Guillermo Cano, el sacrificado y eterno director de El Espectador quien como es conocido de todos murió asesinado a manos de uno de los terroristas más violentos que parió este país. Cano entregó su vida por una convicción profunda de valores éticos y principios que nunca negoció ante ningún interés económico, político, de algún tipo. Fue un periodista puro, con elemento adicional de haber tenido la visión de descubrir a varios de los mejores periodistas de este país, entre ellos, al propio Gabo.

En los años ochenta del siglo pasado se recuerda, quizás las nuevas generaciones no lo saben, cómo un conglomerado económico, el llamado Grupo Grancolombiano en cabeza del banquero Jaime Michelsen Uribe, quebró con el retiro de su pauta publicitaria al diario de Don Guillermo ante una exhaustiva y profunda investigación, esa sí, sobre las irregularidades y delitos cometidos por el banquero en el sistema financiero del país con la complicidad y anuencia de funcionarios públicos, cualquier parecido con la actualidad es…

De la misma manera, en el país se han descubierto casos de corrupción y entuertos de funcionarios públicos y de privados con ellos a raíz de investigaciones periodísticas. El trabajo y las denuncias de esos colegas permitieron develar múltiples casos de corrupción, asesinatos y otro tipo de actividades criminales que llevaron a esos periodistas al exilio perenne y en otros casos a la tumba.

El periodista Jaime Garzón con la caracterización de sus personajes, en especial, la del célebre Heriberto de la Calle, puso al descubierto a muchos de los protagonistas del escenario nacional para que el ciudadano de siempre, el que mantiene al establecimiento con sus impuestos y trabajo, conociera a fondo cómo funciona el particular entramado nacional. Esa actividad lo llevó a que fuera asesinado por orden de un capataz de los paramilitares con la complicidad de autoridades “legalmente constituidas.” La guerra de más de cincuenta años por la que ha atravesado el país, ha ocasionado también que muchos de los colegas, que se entregaron en cuerpo y alma al cubrimiento del conflicto, partieran hacia el infinito como víctimas de esa confrontación entre gente pobre para garantizar la “estabilidad de las instituciones.”

Desde un tiempo a esta parte, el periodismo en Colombia ha sido víctima de un grupo de “colegas” cercanos y matriculados con grupos políticos y organizaciones políticas, que finalmente vienen a ser lo que los paisas llaman “el mismo perro con distinta guasca” que hacen de los llamados medios masivos fortines para defender las causas de sus patrones y patrocinadores.

Las actividades, por lo menos extrañas del entonces Fiscal General de la Nación Néstor Humberto Martínez Neira, al frente del organismo investigador, contaron con un séquito de “colegas” que las defendieron con desafuero, sin vergüenza alguna para intentar sacar a Martínez Neira de su oficina en hombres, muy a pesar de sus nefastas acciones y prácticas en favor de esos poderes políticos y económicos que lo pusieron en el cargo y que se han conocido poco a poco por las denuncias de un grupo de congresistas.

Ahora, en confesión que se conoce del ex viceministro Gabriel García Morales ante la Fiscalía, este, ex funcionario del gobierno de Álvaro Uribe Vélez, habría dicho que la multinacional a Odebrecht, muy cercana a los más representativos miembros de la “institucionalidad,” sobornó a por lo menos catorce periodistas para que desprestigiaran a empresas que compitieran con los brasileños en las multibillonarias licitaciones de infraestructura del país en los más recientes quince años.

El senador Gustavo Petro reveló en la noche del martes en la Plenaria del Senado cuatro de esos nombres y solo unas horas después desde la misma noche, el ”establecimiento periodístico” cayó en gavilla contra Petro, quien nunca ha sido santo de devoción de los “colegas” en una típica actitud de intentar de acabar y matar al mensajero cuando no pueden controvertir el mensaje, en este caso, la denuncia que no es de autoría de Petro. Hace parte del preacuerdo de García Morales con la Fiscalía. Llegó la hora de decir la verdad en relación con quiénes son los “periodistas” que están al frente de todos esos “prestigiosos” medios de comunicación y cuáles son los intereses que manejan porque parecería que están muy lejos de quienes de verdad han sido un orgullo del ejercicio que Gabo llamó como el Mejor Oficio del Mundo.

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