Alguien tiene que dar el P.A.S.O

Por: Rubén Budzvicky

Argentina

Tras las elecciones denominadas P.A.S.O (Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) del mes de agosto en Argentina, quedaron definidos los candidatos a presidente, y en algunas provincias tambien a gobernador, senadores y diputados (legisladores).

Sin embargo, y lejos de cumplir  su objetivo como de determinar precandidatos, el resultado de las mismas desencadenó un caos macroeconómico.

Muy pocas horas después del proceso eleccionario, el país sucumbió ante el cimbronazo generado por los mercados – no obstante muchos especialistas dejaron abierta la posibilidad de pensar en una nueva crisis monetaria “auto provocada” por el Gobierno-, tras la disparada del dólar de $48 a $60, el consecuente aumento inflacionario y la inestabilidad económica.

Ante este caos económico y los fantasmas del default financiero; un desconcertante Mauricio Macri, pareciendo despojarse de su investidura presidencial, adjudicó y reprochó este fenómeno al electorado por  haber “votado mal”. Hacía referencia al candidato del “Frente Todos”: Alberto Fernández, pues según sus dichos, el triunfo de las elecciones de dicho candidato, provocó la desconfianza de los mercados.

Hemos visto que la subida del dólar, es casi fatal en un país bimonetario de facto, que depende de dicha moneda extranjera para casi todas sus operaciones.

Si se tiene en cuenta la amplia diferencia que obtuvo Alberto Fernández, (con casi el 50% de los votos afirmativos), vemos que se ha transformado en un presidente virtual, y aunque lo niegue en toda entrevista, ejerce un cogobierno paralelo.

Como muestra de ello, tanto el F.M.I (Fondo Monetario Internacional), representantes de los mercados, actores políticos, sindicalistas, y medios de comunicación, se reúnen con Alberto Fernández, a los fines de delinear el futuro de la Argentina.

Se observa entonces, que antes de ser un gasto innecesario para la Nación, con las P.A.S.O, se les quitó a los partidos políticos, la posibilidad de dirimir sus cuestiones propias, mediante elecciones internas, la búsqueda de nuevos afiliados y la consolidación de una política partidaria desde las bases.

  Durante los más de doscientos años de existencia, se ha manifestado una constante histórica ciclotímica como república independiente y soberana; por ello, nunca se logró forjar una identidad nacional, ni mucho menos un proyecto común a largo plazo. Ese tan esperado proyecto nacional con miras al progreso industrial, social, cultural y a un modelo de país con políticas económicas apuntadas al bienestar común (y no de las clases dominantes), sigue en la lista de espera.

Las rivalidades de antaño y cada postura irreconciliable entre la clase política (y/o las clases dominantes), produce un modelo de país distinto, que con sus matices y sus evoluciones en el tiempo, se ha ido alternando cíclicamente en Argentina. En consecuencia, siempre se está en situación de “volver a empezar”, no hay continuidad, y el nuevo presidente al mejor estilo monarca de Edad Media, pretende cambiar el modelo de país, según su ideología y parecer.

Por ejemplo hasta finales de 2015, Argentina era un país que proyectaba el crecimiento de pequeñas y medianas empresas (PyMEs), el control de precios, el fortalecimiento de la industria nacional, el desarrollo científico- tecnológico, y la mejora de las empresas estatales como Aerolíneas Argentinas y la recuperada YPF. Todo ello, aun llevando a cabo políticas económicas contraproducentes, tales como el aislamiento internacional, la aplicación del cepo cambiario, la emisión constante de moneda, la presión impositiva, entre otras.

 Tras la asunción de Mauricio Macri, el 10 de Diciembre de 2015, se abrió la importación descontroladamente, permitiendo el ingreso de productos extranjeros que comenzaron a competir en pugna con los nacionales, a un precio muy por debajo de estos últimos. Además, se encarecieron los servicios de electricidad, gas, agua, entre otros, como así tambien el aumento inflacionario y la subida del dólar produciendo una gran merma en la industria local.

Asimismo, se redujo el presupuesto para la ciencia y la inversión en las empresas estatales, se eliminaron Ministerios, colocando a estas áreas en el concepto de “gasto del Estado”.

Todo ello trajo aparejado un colapso financiero, numerosos despidos, y por ende una importante reducción del consumo interno, elevando sistemáticamente los índices de pobreza. 

Esta repetición de cambios permanentes, y repetitivos, han atentado y atentan contra el desarrollo y la sustentabilidad de la Nación. Así se hace inviable un cambio de modelo de país, cada 4 u 8 años, como así también que haya elecciones de medio término cada dos años, enfocándose la clase dirigente a su campaña política y desatendiendo sus obligaciones públicas. 

¿Hasta cuándo va a primar “lo ideológico” y “los intereses personales” por sobre el interés nacional común, y a largo plazo?

Antagónicamente al ejemplo argentino y a su idiosincrasia, es destacable señalar: “El Pacto de la Moncloa” en la España post dictadura del General Franco, que consistió en dos acuerdos denominados: “Acuerdo sobre el programa de saneamiento y reforma de la economía” y “Acuerdo sobre el programa de actuación jurídica y política”. Este pacto  fue rubricado en el Palacio de la Moncloa el  25 de Octubre 1977, entre el Presidente de España Adolfo Suarez, la oposición, sindicatos, patronales, etc.; mediante el cual trazaron un plan económico común y un desarrollo de país sostenido en el tiempo.

En dicho documento, todos tuvieron que ceder, resignando ideales, formas de pensamiento, poder, status, y ganancias, en favor de un proyecto de bienestar general a largo plazo,  con el objetivo de defender y consolidar la democracia, sostener la gobernabilidad del Presidente, afianzar el Estado de Derecho,  luchar contra la inflación, el desempleo, el descontento popular, y la herida abierta de la Guerra Civil Española (1936-1939).

Es a la luz de la historia, que encontramos ejemplos como el español; y no podemos dejar de reconocer que resulta imperante que en Argentina, alguien representativo de la política – oficialismo u oposición –  dé el PASO en busca de un proyecto de unidad, común y transversal para todas las fuerzas, sostenible en el tiempo; y en consecuencia veamos a todos ceder poder, espacio, ambiciones partidarias y personales en pos de su afianzamiento. 

Solo de esta forma, la palabra PASO dejará de ser utilizada como causal de crisis, de dispendio innecesario de recursos y empezará a marcar el camino hacia una reconstrucción nacional.

¿Es necesario esperar una guerra, para lograr una unidad nacional?

 Un  ejemplo cabal, se produjo durante la guerra de las Islas Malvinas en 1982, en forma efímera, se estableció cierta unidad para sostener las necesidades de nuestros soldados.

Aún hubo unidad entre la Organización “Montoneros” (Organización armada, autodefinida como peronista) y militares, ya que trabajaron en forma conjunta, en la fallida operación Algeciras. La operación constaba de una misión secreta, donde buzos tácticos de Montoneros, debían infiltrarse en Gibraltar, con el objetivo de sabotear y hundir barcos ingleses, mediante la colocación de minas submarinas.

Sin embargo, la tan esperada unidad en función de objetivos comunes básicos sostenida en el tiempo, aún no se ha registrado en nuestra historia.

El principio de Unidad es tan fuerte y eficaz que aun en la Torah (Biblia) se trata el tema. Puntualmente en el libro de Génesis, Capitulo 11, se narra la historia de los pueblos de oriente,  asentados en la tierra de Sinar;  se habían propuesto construir una ciudad y una torre cuya cúspide  llegara hasta al cielo.   

Ante tal acuerdo y decisión firme, viendo Dios que lo iban a lograr, se registra el siguiente desenlace: “Y el SEÑOR descendió para ver la ciudad y la torre que habían edificado los hijos de los hombres. Y dijo el SEÑOR: He aquí, son un solo pueblo y todos ellos tienen la misma lengua. Y esto es lo que han comenzado a hacer, y ahora nada de lo que se propongan hacer les será imposible.” El poder del acuerdo es tan fuerte y eficaz que si algún político se atreve a dar el PASO, poco a poco todos irán cediendo en sus ambiciones, egos, ideologías, intereses, hasta lograr la UNIDAD NACIONAL real, que logre al fin establecer un proyecto de país con miras al desarrollo y  bienestar común a largo plazo y verdaderamente “para todos

2 comentarios sobre “Alguien tiene que dar el P.A.S.O

  • el 11 septiembre, 2019 a las 7:19 pm
    Permalink

    El Dr. Budzvicky Ruben, ha dado un claro y certero analisis de la realidad de la Republica Argentina, utilizando palabras conocidas y para nada rebuscadas, por el contrario es accesible a cualquier lector dek alto o no tanto intelecto, esa lectura fácil dando a entender con la palabra “idiosincrasia” resume él valor que tienen los argentinos por esta tan querida democracia que alguna vez supo recuperar el Dr. Ricardo Alfonsin entre otros pocos. Lo felicito no solo por su sabiduría sink que, en pocas palabras pudo resumir el pensamiento del argentino comun, que realmente es el qie importa y no le interesa a los politcos.
    Nuevamente felicitaciones por su columna

    Respuesta
  • el 12 septiembre, 2019 a las 6:39 am
    Permalink

    Muy buen artículo, que plantea el interrogante que parece querer quedar solamente en eso y que los argentinos nunca nos animamos a contestar: Que pasaría si, por una vez, nos juntábamos todos, sin banderas ni pensamientos individualistas o sectoriales, y decidiéramos por fin pensar en un país en conjunto.

    Contrario a eso, vivimos en una constante pugna, que ahora han elegido denominar mediáticamente “grieta” que separa a grupos por pensar distinto. Ese fue el mecanismo utilizado por el espacio político gobernante para llegar al poder y mantenerse, lo que habla a las claras que estamos bastante lejos de un consenso, lamentablemente.

    Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *