Argentina 2019: ¿Volver al Futuro o al pasado?

Plaza de Mayo, Fuente: Diario Clarín

Ciudad de Ushuaia. Fin del Mundo. Un grupo de amigos expertos en electrónica, se  reunió en un taller a metros del canal de Beagle, para darle vida a la nueva máquina del tiempo, inspirados en el DeLorean de la película “Volver al Futuro”.

Lograron crear el “Renault Four”, un auto reciclado y acondicionado para viajar a través del tiempo.

Redacción: Rubén Budzvicky

Todos ellos, trabajaban arduamente en el invento, mientras debatían que hacer si la máquina llegase a funcionar.

Homero, motivado por la crisis económica  e institucional argentina actual, se anticipó y dijo: “Hay que evitar que Franco Macri y Alicia Blanco Villegas -padres del Presidente Mauricio Macri- se conozcan”.

El “Rata” Gómez,  el más futbolero del grupo, respondió: “Deseo  fervientemente volver a la final del Mundial de Brasil 2014 y decirle a Rodrigo Palacio -Jugador de la Selección Argentina- ¡Si estás frente al arquero, no dudes, es por abajo!”

Luego el “Trosko” Nico  propuso: – “Deberíamos ayudar al Che Guevara en Bolivia y traer la Revolución a la Argentina”.

Ante la idea del Trosko, “Cafierito” no pudo contenerse, se puso de pie, y empezó a exigir: “Es una necesidad impostergable, traer al presente a Eva Perón y darle dignidad a los argentinos”.

En pleno debate acolarado entre Nico y Cafierito por cuestiones de ideología, el resto de los amigos comenzó a entonar un canto de “relativa unidad” entonado en los años 70,  por el peronismo y sus pares de izquierda: “ERP y Montoneros son nuestros compañeros…”.

De esta forma, ambos dejaron sus ideales de lado y volvió la armonía al grupo.

Finalmente, tomó la palabra Bernardo, alias “Einstein” y con su voz  calma, dijo: “Tenemos que hacer algo grande y que le sirva a la humanidad entera, debemos traer del futuro medicinas de avanzada y salvar muchas vidas”. Sin embargo, en plena discusión, Homero de forma enérgica queriendo imponer su postura, derramó accidentalmente su vaso de cerveza sobre el tablero del auto, y  produce un cortocircuito, ante la pálida mirada de sus compañeros.

Cuando atinaron a reaccionar, una luz blanca que provenía del “Renault Four”, los envolvió.

Fueron segundos de desesperación, donde todos comenzaron a rezar y a arrepentirse por los pecados cometidos durante su vida.

De repente, aparecieron en la Ciudad de Buenos Aires, más precisamente en la Bombonera, en el Estadio de Boca Juniors. 

Los amigos veían a la gente un poco extraña,  muchos usando camisa, con pañuelos en la cabeza para protegerse el sol, peinados raros,  sweaters antiguos, y muchas banderas argentinas.

Al principio creyeron que estaban en un acto religioso, aguardando la aparición de un predicador.

Sin embargo, la voz del estadio anunció un partido de fútbol y las formaciones de los equipos.

En ese instante, concluyeron que estaban en medio de la filmación de una película. Y como no podían salir del lugar por la gran cantidad de gente, se quedaron a ver el partido entre Argentina y Perú, que correspondía a las Eliminatorias, rumbo al Mundial de México 1970. 

Al juego, no le prestaron mucha atención, y se divertían con los comentarios de la gente, cuando escuchaban: “Nunca vamos a ganar un mundial”,Nunca vamos a tener un jugador como Pelé”.

El partido terminó empatado en dos goles.  A raíz del resultado, la gente estaba  triste, amargada y fastidiosa, y masivamente comenzaba a abandonar el estadio.

Hartos de escuchar como los espectadores idolatraban a Pelé, los amigos empezaron a cantar una melodía típica de cancha en Argentina, “brasilero, brasilero que amargado se te ve, Maradona es más grande, es más grande que Pelé”.

Los hinchas enardecidos al escuchar que eran tildados de brasileros, comenzaron a correr y perseguirlos sin razonamiento alguno. Los cinco huyeron velozmente, y lograron abordar el auto. 

En ese instante, el “Rata” Gómez, comprendió que estaban en 1969, y acababan de ser testigos de la eliminación de la Selección Argentina de cara al Mundial de 1970.

El sentimiento de todos fue dual: por un lado de alegría,  porque la máquina del tiempo funcionaba; y por el otro la desazón al presenciar el fracaso deportivo de la Argentina, y ver que en las últimas eliminatorias 2017, la Selección estuvo  muy cerca de no clasificar.

Marcha paz, pan y trabajo

El Rata, expresaba: “Retrocedimos 50 años, y encima, teniendo a un jugador como Messi, lo maltratamos y criticamos… ¡lo que daría esta gente del pasado por verlo jugar!”

El Renault Four se alejó aceleradamente, de la bombonera, para hacer otro viaje a través del tiempo y de vuelta se encontraron en medio de una multitud. Esta vez en la mítica “Plaza de Mayo”, frente a la Casa Rosada (Sede del Poder Ejecutivo). 

El clima era muy extraño. Por un lado una parte aclamaba al General Perón, mientras la otra parte gritaba contra él.

Lo curioso es que quienes cantaban contra Perón, se identificaban como peronistas,  pero con banderas y  pancartas que decían “Montoneros” y “FAR”.  Increíble, pero real.

Rápidamente, se ubicaron en tiempo y espacio. Era el Primero de Mayo de 1974, “Día del Trabajador”, y tambien en ese acto se conmemoraba, “la Unidad Nacional”, “la fiesta del trabajo”, y  se coronaba a la reina del trabajo.

“Cafierito”, peronista de ley,  se emocionó hasta las lágrimas por estar viendo al General Perón en persona, y por poder escuchar su discurso.

Como un militante más, coreaba los cantos de la multitud. Estaba viviendo en carne propia,  la historia que le contaron sus mayores. Todo era alegría para él, hasta que en un momento, parte de la militancia comienza a entonar: “Que pasa general, está lleno de gorilas el gobierno popular”, interrumpiendo el discurso, y provocando enojo en el viejo líder. 

En ese momento, el Presidente Peron se refirió a los militantes disconformes, como “esos estúpidos que gritan” y en la continuidad del discurso los tildó de “imberbes”, provocando la retirada de la tercera parte de la multitud que se encontraba en la plaza. 

El discurso del General continuaba, y en un momento la gente cercana al grupo de amigos, comenzó a gritarles: “Ni yankis, ni marxistas. Peronistas”. Éstos no se dieron por aludidos, hasta que comenzaron a increpar al “trosko” Nico, que tenía una remera con el retrato de Lenín y también a Homero quien tenía puesta una gorra del equipo de fútbol estadounidense New York Red Bulls.

Los cinco empezaron a correr para escapar a toda velocidad de la turba de manifestantes que los perseguía y lograron llegar a refugiarse en el automóvil.

En ese momento entendieron que acababan de presenciar el día de la “ruptura histórica” del peronismo, y que esa división se sigue profundizando al día de hoy.

Cafierito, tomó la palabra y dijo: “con la vuelta de la democracia tuvimos cuatro presidentes peronistas: Menem, Duhalde y  el matrimonio Kirchner, cada uno  representó a un sector distinto de la plaza y así nos fue. Hoy esa interna peronista de hace 45 años, sigue sin resolverse, siguen los conflictos y mantienen en vilo al país en un año electoral. No aprendimos nada.”

Después de escapar de Plaza de Mayo, los cinco amigos querían algo de paz, y por decisión unánime programaron el siguiente viaje al 5 de Septiembre de 1975, para ver en vivo el último concierto de  la banda de rock argentino “Sui Generis”, en el recordado show: “Adiós Sui Generis”, en el estadio Luna Park.

Ese último concierto, constaba de dos funciones, una seguida de la otra. Ninguno de ellos tenía entradas,  y en medio de la confusión entre la salida del público del primer recital y la entrada de los espectadores del segundo, aprovecharon para colarse e ingresar sin tickets. Una avivada que trasciende a todas las épocas.

El concierto fue una experiencia inolvidable para aquellos contemporáneos que los vivieron, y  quedó guardado para siempre en la historia del Rock argentino. 

A unas cuadras del Luna Park, en un estacionamiento sobre la tradicional Avenida Corrientes a donde estacionaron el “Renault Four”, son  interceptados por dos Ford Falcón de color Verde.

De los vehículos descienden  rápida y violentamente, diez  personas armadas que los obligaron a ponerse de rodillas con las manos en la nuca.

 Los agentes vestidos de civil, pertenecían a la Triple A (Alianza Argentina Anticomunista), un grupo de tareas parapolicial con lazos con el Estado, cuya finalidad era: asesinar, secuestrar, extorsionar y silenciar a opositores, intelectuales, “subversivos”, y disidentes al Gobierno Democrático de Isabel Perón (María Estela Martínez de Peron).

En primer lugar, los agentes les exigieron sus respectivos documentos de identidad, y como ninguno los poseía, comenzaron a gritarles, tildándolos de “zurdos” y “montoneros”.  Como todos lo negaron, los sádicos agentes procedieron sin más a golpearlos en la vía pública. Insistentemente, los interrogaron acerca de sus nombres de guerra y su rango militar en Montoneros.

Todo estaba perdido para los cinco amigos. 

Con el objeto de que los agentes del terror dejaran de golpearlos, el “Rata” Gómez, cedió y cantó un falso nombre de guerra, afirmando  llamarse “Cándido Cruz”.

A los pocos minutos, llegaron refuerzos de la fuerza parapolicial, los esposaron y encapucharon,  para  luego llevárselos detenidos.

Su destino era incierto. Escuchaban a sus captores como debatían entre sí qué hacer con ellos.

Los acusaban de atentar con una bomba contra  una “Comisaria”, en la que perecieron 12 policías.

Luego de deliberar, separaron al Rata Gómez del grupo, y se lo llevaron con rumbo desconocido.

A Homero, Cafierito, Nico y Bernardo los trasladaron a la Sede de Coordinación Federal, donde fueron torturados durante una semana y luego puestos en libertad.

Una vez libres, comenzaron a deambular sin destino, encontrándose aturdidos por horas, doloridos por las torturas padecidas y preocupados por la vida del Rata. 

El recorrido de la caminata, los llevó hasta la Estación Ferroviaria Constitución, donde observaron que las portadas de los principales periódicos anunciaban la noticia de la muerte del Rata.

Según los medios periodísticos se informaba que murió en un enfrentamiento armado con efectivos de la Policía Federal. Las crónicas describían sobre el Rata que se trataba de un oficial de alto rango, perteneciente la Organización guerrillera Montoneros.  La noticia fue devastadora, para los- ahora- cuatro amigos.

Una vez que recobraron un poco de fuerzas y se ubicaron en tiempo y espacio, abordaron el subterráneo y fueron en busca del “Renault Four”.

El auto, reconvertido en máquina del tiempo, seguía en el estacionamiento, pero el aspecto de ellos cuatro era el de unos vagabundos con heridas de peleas callejeras, por lo que el garajista no les quiso entregar el automóvil. 

En un estado de nervios y desesperación colectiva, redujeron al encargado del garage a los golpes y se fugaron a bordo del vehículo.

Al salir a toda velocidad, Homero, quién conducía, olvidó programar el regresó al año 2019 y la máquina los llevo de forma aleatoria al 30 de marzo de 1982.

Ese día se llevó a cabo en Buenos Aires, y otras ciudades del interior del país, la denominada marcha: “Paz, Pan y Trabajo”, organizada por la CGT Brasil con Saúl Ubaldini a la cabeza.

Esta marcha se transformó en un golpe letal a la Dictadura, ya que el pueblo se puso de pie reclamando por sus derechos laborales y gremiales, contra los despidos, por los desaparecidos, contra la crisis económica, social y la falta de libertad.

 El pueblo había perdido el miedo y comenzó a movilizarse. Como consecuencia, por temor a los manifestantes, la dictadura intentó prohibir la jornada de movilización.

 Además vallaron la Plaza de Mayo para impedir el acceso a ella, aunque esto no impidió la valentía de miles de personas que salieron a las calles a arriesgar su vida.

Nuevamente, los amigos se encontraban a unas pocas cuadras de la Plaza, frente a un hecho histórico, y en medio de un conflicto, emocionados hasta las lágrimas, al escuchar las estrofas entonadas por el pueblo, en ese acto, al unísono:  “se va a acabar, se va acabar la dictadura militar”, y “el pueblo unido jamás será vencido”.

De ahí en más se desató una represión brutal contra los manifestantes que se extendió por todos los lugares del país donde la gente salió a expresarse.

A diferencia de otras manifestaciones, los amigos notaron una unidad y solidaridad  tal, que desde los edificios, los oficinistas arrojaban todo tipo de objetos a las fuerzas policiales, protegiendo a quienes huían de ella para salvarse.

Para resguardarse, miraban los acontecimientos desde el auto, y reflexionaban acerca de la pasividad y complicidad de muchos líderes sindicales y la apatía popular, ante la crisis económica y social que se vive en el 2019. Todo ello, a pesar de vivir en democracia y con las garantías constitucionales como protección. 

Al Renault Four le faltaba nafta, y no arrancaba. Por eso, no les quedó más remedio que dedicarse a juntar cartones, y botellas para poder vender y juntar algo de dinero.

Unos días después, el 2 de abril de 1982, miles de personas se concentraron en Plaza de Mayo, esta vez a festejar la recuperación de las Islas Malvinas, e increíblemente enaltecían al entonces  Presidente de Facto Leopoldo Fortunato Galtieri.

La resistencia y la valentía de los trabajadores, las Madres de Plazo de Mayo y miles de personas que clamaban contra la opresión de la dictadura,  como así tambien los miles de heridos, detenidos y aun el alto costo que dejo la represión policial con el fallecimiento de José Benedicto Ortiz en Mendoza, parecían quedar en el olvidó, tan solo tres días después.

El emocionalismo y el rápido olvido son uno de los mayores defectos que ha demostrado el pueblo  en su historia” dijo Bernardo, con cierta congoja.

Para los amigos de Ushuaia, la Capital de las Islas Malvinas, este hecho generó mucha indignación, sabiendo la indiferencia que vendría al finalizar la guerra, por parte de muchos argentinos,  hacia nuestros soldados “héroes”, y el abandono que sufrirían por parte del Estado.

Con el dinero recaudado por la venta de cartones  y botellas, Homero pudo cargar un bidón de nafta y  luego de escuchar el discurso del dictador Galtieri desde el balcón de la Casa Rosada, los amigos ofuscados emprendieron viaje hacia al futuro, con el único objetivo de diseñar un plan y rescatar al “Rata” Gómez de las garras de los terroristas de la Triple A y regresarlo a casa.

Al llegar Ushuaia, la sensación y reflexión del grupo tras haber viajado al pasado reciente, fue que Argentina sigue sangrando y dividida por las heridas de aquellas épocas.

El desconocimiento de la historia, genera que muchos personajes sigan enquistados en el Estado desde épocas de la dictadura, sin ser juzgados por sus delitos atroces.

“La educación es la clave para salir adelante”, remató Bernardo.

Pero la vienen destruyendo hace años, y en consecuencia hay gente que dice: “con los militares estábamos mejor”, Reflexionó Cafierito.  

“El país es de todos…” culminó Homero “…y no de una casta de familias de empresarios y políticos que se van reciclando a través del tiempo, acomodándose con cada gobierno,  y sosteniéndose en el poder a costa del pueblo.”

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