Fabio López de la Roche

País denso y plural

“Quién adoctrina y de quién es el sesgo: a propósito de los nuevos talibanes”

La palabra ideología se usa con frecuencia para definir el fenómeno en dos posibles significados: un primero, en el sentido de “concepción del mundo”; en esa acepción, todos los ciudadanos, de derecha, centro o izquierda, e incluso en los casos en que nos declaremos apolíticos o indiferentes, tenemos una ideología, una manera de concebir la vida,  de entender la familia, el campo y la ciudad, el orden social, las relaciones sociales.

El segundo significado de “ideología”, lo expresamos enfáticamente con el adjetivo “ideológico”, para subrayar la idea de “sesgo” o “visión sesgada de la realidad” en la interpretación o “lectura” que una persona hace de los sucesos de la vida nacional, local o internacional. Ricardo Silva Romero se refería en reciente columna en El Tiempo titulada “Sesgo”, a cómo en Colombia ha hecho carrera la idea de que el sesgo, esa actitud de torcerle el cuello a la verdad desde apuestas ideológicas, tiene lugar de manera preferente en la izquierda. Pareciera ser que en la cultura política y en la comunicación masiva dominantes en Colombia, los sesgos se le notan más a la izquierda.

Quisiera postular que al contrario de esa visión que le atribuye hoy el sesgo en la interpretación de la realidad a la izquierda política, el sesgo más rudo y el doctrinarismo más burdo en la visión de la realidad colombiana lo evidencian hoy todos los días, en sus declaraciones públicas y propuestas, los partidos de la derecha, en particular el Centro Democrático, sus parlamentarios y figuras públicas. 

Presos de sus visiones maximalistas (todo lo de la izquierda es malo, el proceso de paz es la entrega del país a las Farc y al castrochavismo, “Santos nos dejó en un socavón”, como dijo Macías en la instalación del Congreso) y cautivos de sus acendrados odios (hacia las Farc, hacia Santos, hacia el proceso de paz de La Habana, hacia la izquierda, hacia las instituciones de la Justicia Transicional), no logran elaborar una visión tranquila y desprejuiciada de la realidad y entender que en política hay que construir sobre lo ya construido.

En los asuntos de la paz no logran comprender que ella, antes que una bandera y un logro personal de Juan Manuel Santos, es un bien mayor para la sociedad colombiana que hay que cuidar para avanzar ojalá en un futuro no muy lejano, en una paz completa.

Las tres propuestas hechas por el gobierno Duque para encabezar el Centro Nacional de Memoria Histórica (incluido el nombramiento de Darío Acevedo) se subordinaron al propósito doctrinario de negar la existencia de un conflicto armado en la historia pasada y reciente del país. En un cargo en el que se requiere de una persona de altísimas calidades intelectuales y de ponderación en la evaluación de la crisis humanitaria colombiana, se nombra a un izquierdista converso a las verdades del uribismo. Hubieran podido nombrar a un conservador demócrata o a un liberal equilibrado y justo, abiertos al reconocimiento de una amplia diversidad de víctimas y victimarios, pero resolvieron nombrar a una persona que avalara el negacionismo ideológico del conflicto que agencia el senador José Obdulio Gaviria.

En las campañas de desprestigio contra la JEP y contra la Comisión de la Verdad, en las que las derechas se aúnan a los oscuros intereses del Fiscal Néstor Humberto Martínez, no solo juegan los odios y las visiones ideologizadas, sino también el interés de ocultar aquellas verdades y crímenes del conflicto y de la crisis humanitaria, que involucran a miembros de la derecha y a sus aliados en la institucionalidad corrupta o en el paramilitarismo.

El video divulgado en un programa institucional del “Centro Democrático” acusando a Fecode de adoctrinamiento ideológico de los estudiantes en las escuelas, no solo parte de una visión prejuiciada del sindicato del magisterio, sino que hace un profundo daño en términos de erosión de la confianza en la educación pública y en nuestros maestros. Valga decir que tanto en el magisterio de nuestros colegios públicos como en el profesorado de nuestras universidades públicas, hay liberales y conservadores, izquierdistas, personas de centro y no pocos uribistas. Como también indiferentes y apolíticos. 

La propuesta de un representante a la Cámara del “Centro Democrático” por Bogotá,  “Por medio de la cual se establecen prohibiciones al ejercicio de la docencia y a directivos de planteles educativos”, retirada por el parlamentario ante el rechazo ciudadano que suscitó, evidenciaba claros propósitos de censurar el debate político en los colegios, así como la molestia de la derecha ante el hecho de que la trayectoria histórica del uribismo y de su “ Gran Timonel” pueda discutirse críticamente en las escuelas.

No sobra decir que este tipo de propuestas y declaraciones estridentes que ocurren a menudo con los representantes, senadores y senadoras del Centro Democrático, evidencian que el sesgo ideológico corre parejo con una muy precaria formación intelectual. Esos parlamentarios han sido escogidos “a dedo” por El Patrón, en listas cerradas y sobre la base del criterio de su incondicionalidad con él.  

El caso Bieri en RTVC con su burda censura a “Los Puros Criollos” y a quien no acate el pensamiento oficial proveniente “de la mano que le da de comer”, o el nombramiento de Enrique Serrano al frente del Archivo Histórico Nacional deben alertar a los y a las demócratas sobre los graves riesgos de borramiento de aquella memoria que no les conviene a quienes actualmente detentan el poder, así como de posible eliminación de documentos claves para la reconstrucción histórica de nuestro pasado reciente relacionados, por ejemplo, con la memoria de las víctimas y los victimarios, del proceso de paz con las Farc, de las movilizaciones en defensa de los acuerdos luego del Plebiscito del 2 de octubre de 2016, o de los eventos relacionados con el otorgamiento del Premio Nobel a Juan Manuel Santos.

No pretendo con este artículo negar los sesgos ideológicos existentes en la cultura política de la izquierda. Los he estudiado y he escrito un libro y muchos artículos sobre ellos. Pero hoy, los políticos y parlamentarios del Centro Democrático, son los portadores por excelencia del sesgo ideológico, los adalides del “Sendero Luminoso” de la derecha, los nuevos talibanes de la memoria.

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