Ricardo Rosania

El punto crucial:

EL ALCALDE DEL SIGLO XX

A propósito de los últimos acontecimientos en el distrito salvaje de Peñalosa sobre la alerta ambiental por la contaminación del aire en el sur de la ciudad, la guerra declarada a  las empanadas, la tala indiscriminada de árboles, la persecución en caliente a los vendedores ambulantes, el incremento infernal de los trancones, la crisis de la salud por hacinamiento en la red hospitalaria, el escándalo por posible corrupción en el proyecto de desarrollo urbano Proscenio.

A 10 meses de terminar el periodo de gobierno, el Alcalde Peñalosa sube el tono a su discurso demagógico haciendo más promesas y nuevos anuncios como si estuviera en sus primeros días de gobierno, una vieja práctica de los políticos del siglo XX, para evadir las soluciones de fondo que demanda la ciudadanía.

El día sin carro anunció a través de medios de comunicación la peatonalización de la Avenida Caracas que no está prevista en los estudios de factibilidad que él mismo contrato, en dicho estudio de diseño no existe una palabra sobre la peatonalización de la Caracas, y se supone que el alcalde lidera el proyecto Metro, una obra civil de ingeniería compleja, que además,  él debe conocer muy al detalle.

Sin embargo el alcalde, sale a proponer a los cuatro vientos la peatonalización de la Caracas, ese anuncio se llama populismo barato o demagogia del siglo pasado, inventando o improvisando una propuesta inviable que no está contemplada en el diseño de su metro elevado pero que si le sirve para engañar, distraer  y poner a botar corriente a la opinión pública.

En la Bogotá del siglo XX, en  la década del veinte irrumpe la política pública del urbanismo moderno que dio sus primeros pasos con un enfoque de desarrollo urbano de embellecimiento de la ciudad, que incluía la demolición de barrios obreros y plazas de mercados, que a su vez contemplaban el desplazamiento de pobladores pobres.

En la década de los 90, la política de desarrollo urbano fue enfocada hacia la recuperación del espacio público, que enfatizó la iniciativa en la construcción de espacios abiertos e infraestructura como medio para recuperar entornos deteriorados e inseguros, acompañada también de una política de renovación urbana con el esquema de negocios inmobiliarios implementados  a través de planes parciales que excluyen y expulsan a los pobladores del sector intervenido para beneficiar exclusivamente a empresarios y constructores.

Estas políticas de desarrollo urbano fueron una mala copia del modelo de ciudades como Nueva York que durante la décadas de los noventa y, en particular, durante la administración de Rudolph Giuliani, la alcaldía  implementó unas series de medidas para limpiar y asegurar los espacios públicos de la ciudad a través de la política “cero tolerancia”  y “ventanas rotas”.

La Alcaldía de Mockus planteó el desarrollo urbano con un enfoque de  recuperación del espacio público  desde la perspectiva de la “formación ciudadana”, enfatizando una relación entre el uso del espacio y la transformación socio-cultural. La creación de una nueva cultura ciudadana pero sin modificar la política excluyente de la renovación urbana.

La Alcaldía de Peñalosa en la versión uno masificó la construcción y recuperación del espacio público  bajo una premisa centrada en la transformación física de los entornos construidos con nuevos andenes, alamedas, parques, ciclorutas y plazas.

La Alcaldía de Peñalosa versión II, en política de urbanismo  aplica la misma receta de su visión de ciudad del siglo XX: el espacio público como el símbolo máximo de la democracia y la equidad; la transformación del centro para reducir la inseguridad, atraer inversión y nuevos residentes; y expandir la ciudad hacia la sabana que es su principal estrategia para poner en marcha un nuevo negocio inmobiliario en contravía con las políticas de desarrollo urbano del siglo XXI, cuyo modelo es el de ciudades inteligentes: densas, compactas, ambientalmente sostenibles, incluyentes y que no segregan.

El Modelo de ciudad inteligente que propuso el Alcalde Petro en la modificación al POT para adaptar a Bogotá al cambio climático y mitigar las amenazas ambientales  y  desastres naturales. POT que fue hundido por el Concejo de la Ciudad en cabeza de su presidente peñalosista Miguel Uribe Turbay.

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